Esta vez paso de bizcochos, mermeladas, y otros manjares culinarios.
Ahora os hablaré de una uno de los miembros de la familia, que endulza mis horas. Mi gata Lía.
Los gatos paracaidistas son aquellos que por falta de cálculo, por despiste y sobre todo, y ante todo, por la curiosidad que tienen, caen al vacío desde muchos metros.
A Lía, mi gata, le pasa eso. Siempre que ve una ventana abierta, allá que va corriendo. A veces, va tan ligera que creemos que va a salir volando, directamente. Y ¡anda que no es rápida!.
Estamos muy pendientes de ella, cada cierto tiempo la buscamos y cerramos ventanas y abrimos ventanas cuando no está.. que
Hay luchas todos los días y peleas: que si hace mucha calor...., que abras la ventana... (Manolo, el padre), mamá, que cierres la ventana, que se sale Lía... (Manuel). -que no, que sólo se asoma a tomar el aire... (yo), aunque tengo un ojo en la ventana y otro en la gata, y cerquita, por si tengo que agarrarla del rabo.
Cierro ventanas, pongo el ventilador, el aire acondicionado. ¡Y mira que hace calor! Pero Lía es nuestra gata, a la que quiero mucho.
Anoche tuvimos una fiesta familiar, donde hubo actuaciones de Laura, Manuel y mi sobrina. Fue un espectáculo maravilloso. Llegamos a las 4 de la madrugada.
ESta mañana, aún adormilados, nos hemos confiado y despistado, y Lía ha desaparecido. hemos buscado por todos los rincones de la casa, hemos mirado en la calle a ver si se había caído. Nada.
Yo salí y me dí varias vueltas por el barrio, a ver si se había escondido, o alguien la había visto. Ya habia perdido la esperanza, y al llegar a casa, y llamarla por todos los bloques, justo al lado de mi casa estaba agazapada, maullando de dolor y de miedo.
Tenía sangre en la boca e inmediatamente la llevé a urgencias.
Aparentemente no tiene nada.Pero nos preocupa su estado general. Decaída, dolorida por dentro, sin protestar, sin moverse....
Por indicaciones del veterinario la hemos llevado a casa, y hay que esperar 24 a 48 horas. Si tiene algo interno sería lo peor. Si es de huesos, tendría solución.
sigue decaída, adormilada, no come (por el médico), no bebe agua (no le apetece). pero ha cambiado de posición dos o tres veces, incluso se ha subido a una silla, y ahora descansa. Nos mira, levanta la cabeza cuando oye ruido... No sé, no sé. No quiero levantar las campanas al vuelo, pero tengo que esperar, y espero que se recupere.
En casa ha sido todo un poema a mediodía.
laura llorando, porque no quiere que sufra. Su hermano Manuel de 15 años, que aún no lo había hecho, comía despacito, y las lágrimas rodaban por sus mejillas. Carlos, el mayor, de 24 años, que poco antes me había dicho que no pasaba nada, que no llorara, que era muy exagerada, que era un animal, que tal que cual, al final lloró de ver a los hermanos, y yo, ¡cómo no, que tengo las lágrimas tras las orejas, también llorando!. Nadie comía, nadie decía nada. Al final nos reimos los cinco.
Curiosamente existe más posibilidades de que un gato sufra lesiones más graves si cae de una altura baja a otro que caiga de mayor altura.
Sucede que poco antes de llegar al suelo, el gato se estira para aumentar al máximo su superficie y con ello el rozamiento con el aire, ocurriendo el movimiento en dos fases y cayendo en forma similar a un paracaídas, de allí el nombre del síndrome.
Si es desde menor altura, no le da tiempo a realizar estos movimientos que le permitirían caer de pie, porque ellos miden el impacto, y lo minimizan.
De todas formas, ahí estamos todos preocupados. Ella duerme plácidamente, y yo voy a descansar, que ha sido un ´dia muy ajetreado por muchas cosas.
A ver mañana cómo amanece. Por la tarde la llevaremos de nuevo al veterinario a que valore la situación.